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Llegó a Ogíjares por amor, por el amor de un amigo, en cuya boda se encontró al entonces director de la banda de la localidad, que le propuso su puesto al frente de la agrupación. Casi diez años después, y tras superar a otros candidatos, Luis Castelló ha trabajado duro como director de la Banda Sinfónica de Ogíjares para convertirla en una formación reconocida y admirada. Un esfuerzo que este pueblo ha sabido reconocer otorgándole el título de Hijo Adoptivo con una serie de actos, conciertos y sorpresas que este alicantino de Agost sólo puede definir como “una pasada”.
Días después del galardón aún sigue asombrado y agradecido a todos, tanto a compañeros, como partidos políticos y vecinos e instituciones que apoyaron su nombramiento como un ciudadano de hecho y de derecho de Ogíjares. “¿Tan grande soy?”, se pregunta todavía Luis Castelló, que también imparte clases de clarinete en la Escuela Municipal de Música y Danza de la localidad.
Pero es que la sorpresa, como buena sorpresa, le pilló desprevenido. En el concierto en su honor, en el teatro Isidoro Máiquez, estaba tranquilo, más de lo habitual, como un adagio, al no tener la responsabilidad de dirigir a las bandas Sinfónica de Ogíjares ni Virgen de la Paz de Agost. Incluso en sus palabras se intuía cierta desilusión ante un concierto “con nada especial”. Hasta que le hicieron subir al escenario para hacer el solo de clarinete. A partir de ahí las emociones fueron in crescendo hasta llegar al culmen con su hija mayor, Ainhoa, dirigiendo ambas agrupaciones en partituras del homenajeado; su hija pequeña, Carmen, leyendo unas palabras a su padre; y un Luis Castelló recordando la figura de su progenitor, cuya muerte ha sido uno de los golpes más duros de su carrera. Una noche para el recuerdo, en definitiva.
Pero para llegar hasta aquí, Luis Castelló ha tenido que recorrer un largo camino, en el que al principio se encontró a unos compañeros de viaje desilusionados, decaídos y con pocos ánimos para continuar la aventura musical de la Banda Sinfónica de Ogíjares. Músico a músico y de puerta en puerta, el clarinetista fue consiguiendo crear un grupo importante de intérpretes e inculcarles su proyecto de futuro: grandes obras, una banda puntera en Granada, viajes y certámenes y competiciones con reconocidas agrupaciones, como las valencianas. Eso sí, consciente del valor del trabajo en equipo, responsabiliza del éxito de los últimos años de la BSMO a todas las personas implicadas.
Su mayor reto pasa ahora por conseguir un auditorio en Ogíjares y participar en un gran concurso valenciano, aunque sostiene que para esto último se necesita más compromiso por parte de los integrantes de la banda. Sabe que lo peor de su profesión son las decepciones que sufren los intérpretes al suspender un examen, al quedarse fuera de un concurso o al no ser reconocidos, pero también predica que el trabajo y la responsabilidad hacia éste son lo que consiguen que, tarde o temprano, se haga justicia, a pesar de las envidias que pululan en este sector y, manifiesta sincero, ha vivido y sigue viviendo.
Y habla con conocimiento de causa. Recuerda, sin acritud y con satisfacción, cómo antes de su estreno en la Semana Santa de Granada todo eran críticas y desconfianza hacia la BSMO, pero su actuación dejó al público “alucinado” por la personal forma de tocar del grupo, que está creando furor en la provincia.
Nacido en una familia de músicos, con sus dos hermanos y todos sus sobrinos dedicados a este arte, empezó sus estudios con tan sólo 7 años. A pesar de que se define como un niño muy juguetón, que iba al conservatorio a hacer amigos y divertirse, terminó su carrera de clarinete con muy buenas calificaciones, aunque en un momento de su carrera cayó en la cuenta de que si quería vivir de la música tenía que ponerse en serio. A partir de ahí, estuvo en Madrid, en la Antología de la Zarzuela, ha trabajado con Tamayo o Plácido Domingo, ha cursado los estudios de contrabajo y es miembro de la Banda Municipal de Granada como clarinete en 1991, donde espera retirarse. Eso sí, la música le acompañará hasta el final porque en su casa no se cumple el refrán de ‘En casa de herrero, cuchillo de palo’, como dejan patente los más de 400 discos de clarinete y las estanterías repletas de partituras.
Sin embargo, su adiós a la BSMO será antes. No sabe cuándo, pero el estrés de su trabajo, que combate con atletismo, y la necesidad de incorporar savia nueva a la formación -como ser vivo que es- pronostican una retirada de este Hijo Adoptivo.
Llegó a Ogíjares por amor, por el amor de un amigo, en cuya boda se encontró al entonces director de la banda de la localidad, que le propuso su puesto al frente de la agrupación. Casi diez años después, y tras superar a otros candidatos, Luis Castelló ha trabajado duro como director de la Banda Sinfónica de Ogíjares para convertirla en una formación reconocida y admirada. Un esfuerzo que este pueblo ha sabido reconocer otorgándole el título de Hijo Adoptivo con una serie de actos, conciertos y sorpresas que este alicantino de Agost sólo puede definir como “una pasada”.
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